Amor, paisajes y pasajeros.



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Me llamo Carmen Pacheco, todo lo escrito aquí es mío y bla bla bla bla. Este es mi cuaderno de apuntes, donde escribo lo que veo, para recordarlo, para practicar la escritura rápida o simplemente porque me da la gana. Puedes curiosearlo si quieres, pero fíjate bien: aunque parezcan letras, son garabatos.





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Pasajeros #11 #12

El hombre llevaba unas de esas gafas tremendas, que sirven para algún problema de la vista pero que parecen un engendro de la ciencia ficción de los ochenta, cuadradas, más parecidas al visor de un casco que a unas gafas normales. Vestía también cazadora de plástico negro y una gorra que ponía “Madrid” sobre la visera y que parecía bordada y puesta sobre su cabeza por las manos del mismo Almodóvar.

La mujer era una mujer normal, de aspecto normal y gestos normales que me habría pasado totalmente desapercibida de no haber empezado a interactuar con el hombre con un “no, no, eso es mío” sin demasiada alarma en el tono, ni sorpresa, ni enfado, un tono perfectamente normal que lo único que quería decir es que la bolsa que estaba a punto de coger el hombre era suya.

Entonces ha comenzado ese proceso delirante que suele ocurrir en los autobuses donde un hecho aislado sin absolutamente ninguna repercusión como el de ir a coger una bolsa que parece abandonada y que sea de otra persona y que ésta nos lo advierta, se convierte en un tema para un falso diálogo interminable, que en realidad es un monólogo:

-Ah, pensaba que la bolsa estaba ahí, que alguien se la había dejado y la iba a coger para dársela al conductor por si el dueño volvía a por ella -Ya, ya, pero es mía, no se preocupe -Como estaba ahí sola… -Ya, ya, es que antes estaba sentada yo ahí -Yo es que veo la bolsa y no veo nadie al lado porque claro si usted deja la bolsa aquí y se va a sentar allí al fondo (la mujer estaba a unos 30 cm de distancia), pues cualquiera viene y ve la bolsa y se cree que alguien se la ha dejado, porque la bolsa será de alguien -Pues sí, mía -Y claro, a lo mejor viene otro y no se la da al conductor, viene, la coge y se la lleva, porque no todo el mundo iba a dársela al conductor. A veces se pierden las cosas y se las dan al conductor pero otra gente igual no se las da al conductor -Ya -Por eso hay que estar atento, hay que estar atento a las cosas (aquí interviene un tipo de traje que el hombre tiene al lado pero no oigo lo que dice). Esta señora por ejemplo estaba atenta y ha dicho “la bolsa es mía” (vuelve a dirigirse a la señora), usted ha dicho “esta es bolsa es mía” y entonces yo ya he dicho: ah, pues es de usted.

Las intervenciones de la mujer agonizan en monosílabos hasta que por fin mueren tras un par de asentimientos de cabeza. Entonces la mujer, algo abrumada, empieza a responder al hombre con la cautelar indiferencia que se dedica a los locos mientras se pone de pie preparándose para salir en la siguiente parada.

Y entonces el hombre dice: ¿y qué lleva usted en la bolsa? ¿papeles secretos? ¿UNA FÓRMULA SECRETA?

La mujer se lanza hacia la puerta abierta todo lo rápido que sus pequeños zapatos alcanzan a desplazarse sobre el suelo del autobús y sale despedida hacia la calle impulsada por la locura del hombre que no espera respuesta a su pregunta porque comienza a cantar con una voz sorprendentemente bella una canción de cuya letra no conoce ni una palabra.

12:22 pm, by egoismo1 note Comments




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