Amor, paisajes y pasajeros.



Untitled

Me llamo Carmen Pacheco, todo lo escrito aquí es mío y bla bla bla bla. Este es mi cuaderno de apuntes, donde escribo lo que veo, para recordarlo, para practicar la escritura rápida o simplemente porque me da la gana. Puedes curiosearlo si quieres, pero fíjate bien: aunque parezcan letras, son garabatos.





Theme by spaceperson Powered by Tumblr

klammer
Pasajero #14

La típica persona que llama a su novia porque se aburre y dice “cuéntame algo, peque, qué haces, que qué haces, y ya has fregado? pero has pasado la aspiradora y eso? entonces no has hecho nada todavía, y qué vas a comer, pues ve a la cocina y míralo, que vayas a la cocina y lo mires, no? eh? que no quieres? qué cansado estoy, uf, cari, todavía quedan cinco horas de viaje”.

Ese tipo de persona.

Calculo que han sido unas cuatro llamadas, de no menos de media hora cada una. Con dos de ellas me ha despertado. Y nunca en la conversación, nunca, se ha mencionado un tema que no respondiera al presente inmediato de ambos interlocutores. Nada del tipo “viste ayer sálvame?”, “he hablado con mi hermano y me ha dicho…”, nada que indicara que alguno de los dos tenía una capacidad de memoria de más de media hora. Una y otra vez se repetían cosas como “pero qué haces, peque, no, aparte de “poh na”, que digo que aparte de “poh na” qué haces, te has arreglado ya o todavía estás en pijama?”

El chico, de unos dieciocho años no tenía acento almeriense, supongo que era de Madrid. Vocalizaba tan mal, amontonado las palabras en frases como “hastaluegtellamastarde”, que yo que estaba diez centímetros de sus cuerdas vocales no podía casi entenderle. Su novia, al otro lado del teléfono parecía tener el mismo problema, así que él repetía constantemente cada una de sus intervenciones en ocasiones hasta tres veces. Por otra parte, debía de ser algo duro de oído o tal vez ella tampoco se expresara bien porque a cada rato preguntaba “eh?”.

Todo el mundo tiene prejuicios. Los prejuicios llegan y se instalan en ti y algunos son útiles y otros son del tipo de los que Hitler te diría “córtate un poco”. Yo intento controlar los míos pero uno de los más arraigados en mí es el que automaticamente clasifica las personas que dicen “eh?” en vez de “qué?” como seres inferiores. Menos evolucionados. Más cercanos al mono.

Una cosa que me sorprendía del homo retrasapiens es que cuando su novia hablaba él no parecía seguirla en su discurso, se quedaba completamente callado hasta su siguiente intervención, como si simplemente estuviera fingiendo que hablaba por teléfono. No lo hacía porque yo podía oírla a ella, aunque por suerte no entenderla; un ruido agudo que salía del teléfono del chico pegado a su oreja. Era como si estuvieran retransmitiendo el chillido de las gaviotas en una playa lejana. Eso me adormecía y empezaba ya a soñar hasta que él volvía a intervenir y yo tenía por fin que despejarme y ponerme el ipod con desesperación.

El único dato arrojado en una conversación más allá de sus propias personas y su presente inmediato, aunque en realidad podría incluirse en este últmo, fue que el retrasapiens se había encontrado en el mismo autobús con una conocida y que ésta le había contado que se había quedado embarazada y había abortado sin que sus padres lo supieran. “Y se ha reído. No, que me lo ha contado y al final se reía y to, y yo le he dicho: bueno, tampoco es pa reírse.” Fue ahí cuando tuve ganas de volverme y decirle “pero es que no ves, que por muy analfebeta y carente de valores que supongo que será tu amiga (esto pude confirmarlo horas después), acaba de pasar por una experiencia traumática y dada la limitada capacidad de reflexión que le supongo también, reírse es su manera de afrontarlo? ES QUE LE VAS A DECIR TÚ SI SE TIENE QUE REÍR O NO?”. Igual es que me estaba implicando de más en aquella historia.

Una de las cosas que más me gustan de mí misma es mi capacidad de empatizar hasta con una bolsa de pipas vacía tirada en la acera (en realidad había escrito “abandonada” en vez de “tirada”, porque ya estaba empatizando), pero la mayoría de las veces es una auténtica putada. Porque siete horas y media sin más tarea ni obligación que pensar en mis cosas para mí es un regalo del cielo, pero el retrasapiens me contagió la sensación de estar atrapado en tu cuerpo, sin capacidad para abstraerte, y que tu cuerpo esté atrapado en un asiento, en un vehículo a siete horas y media de estar donde quieres que esté. Y por otra parte no dejaba de imaginarme a la gaviota obligada a sentarse con sus padres en el salón, que le decían “nena, tú sabes que no nos gusta meternos en tu vida, pero es que tu novio es muy tonto y muy pesao. PERO MUY PESAO” y la gaviota diría “pero yo lo quiero, mamá. Aunque sea un retrasapiens”.

Pero fue la empatía también la que logró que después de todo el odio y el desprecio acumulados en mi retorcido corazón durante el viaje, cuando vi al retrasapiens abrazar a la gaviota, inmóviles, como si estuvieran congelados sobre el andén, mientras el resto de viajeros nos movíamos rápido como hormigas a su alrededor, pudiera perdonarles todo durante un instante.

07:27 am, by egoismo7 notes Comments




Notes
  1. observaciones posted this