<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" version="2.0"><channel><atom:link rel="hub" href="http://tumblr.superfeedr.com/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"/><description>Me llamo Carmen Pacheco, todo lo escrito aquí es mío y bla bla bla bla. Este es mi cuaderno de apuntes, donde escribo lo que veo, para recordarlo, para practicar la escritura rápida o simplemente porque me da la gana. Puedes curiosearlo si quieres, pero fíjate bien: aunque parezcan letras, son garabatos.</description><title>Amor, paisajes y pasajeros.</title><generator>Tumblr (3.0; @observaciones)</generator><link>http://observaciones.tumblr.com/</link><item><title>Amor #5</title><description>&lt;p&gt;En algunos restaurantes de comida rápida, en la situación estratégica de una esquina, hay un momento en el que el estrépito alrededor, se confunde, se entreteje en una maraña compacta, parecida al silencio, protectora y agradable en cualquier caso para el que sabe apreciarla.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mi percepción visual no es tan afortunada y frente a mí observo a una pareja de enamorados hasta un nivel clínico, que se frotan y se babean con una intención más amorosa que sexual convirtiendo un espectáculo que podría ser solo incómodo en francamente desagradable. Calculo que el nivel de endorfinas de ella, que parece a punto de mearse encima, le permitiría pasar por una colonoscopia sin anestesia. Como si el enamoramiento fuera algún tipo de enfermedad degenerativa que le ha machacado los huesos fluctúa sobre su silla como gelatina hacia delante y atrás y solo la mantiene erguida la fuerza de atracción -casi puedo ver una corriente de flujo que emborrona el aire- entre su boca y la de su enamorado, que periódicamente se unen con un &amp;#8220;plop&amp;#8221; de ventosa que no oímos, pero sufrimos todos a su alrededor.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una voz cerca de mí rompe la perfecta maraña de estrépito, como una cabeza saliendo del agua:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Ahí hay una pareja que&amp;#8230; uf&amp;#8230;-la chica sentada a mi lado, perdida en el horror como yo, lo comenta con su amiga-, ¡ellos habrán comido ya, porque&amp;#8230;!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Su amiga, de espaldas a la escena, se gira un poco y sonríe comprensiva, buscando despreocupada alguna frase típica en su cajón mental etiquetado con &amp;#8220;es verdad, qué asco dan algunas parejas&amp;#8221;. La envidio, tan inconsciente de la escena real, del caso extremo que observamos la otra y yo y que podría estar siendo estudiado por científicos de todo el mundo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En seguida ambas se levantan, expelidas por la fuerza de la felicidad ajena, fuerza repulsora donde las haya, y desaparecen engullidas por la marea de luz y de ruido. Entonces, como si ellas fueran el telón de la auténtica escena, aparecen en mi campo de visión, dos mesas más allá, una madre y su hija, sentadas una frente a otra, conversando con oraciones enteras, complejas, intrincadas. El diálogo entre ellas dos reluce como una obra de Shakespeare en un pajar de frases sueltas, frases sacadas de un cajón.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La joven dice algo en voz baja, grave, altisonante a veces, como una carretera llena de curvas en la oscuridad. Una mano llena de plata le cubre el perfil pálido de adolescente. El pelo negro y liso es casi indistinguible de la cinta que le cubre parte de la frente. Sólo percibo sus palabras cuando levanta el tono:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-&amp;#8230;y ahora que tengo veintitrés años&amp;#8230; se van a enterar&amp;#8230;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La madre, teñida de un rubio oscuro, envuelta en un estampado de flores, deja el vaso de cartón sobre la mesa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-¡Pero Laura! -le interrumpe-. ¡No! -dice muy seria-. No me puedo creer que todavía pienses en eso, ¡por favor!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Miro de reojo a la chica, pero ella sigue inalterable, adentrándose por esa carretera oscura hecha de palabras que yo no puedo oír. No quiero atender a lo que dice igual que no me gusta mirar las heridas. Intento concentrarme en lo que como, pero vuelve a llamar mi atención el tono de la madre, en un crescendo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-No me lo puedo creer. No me lo puedo creer, Laura. ¡No me lo puedo creer!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al principio pienso que es una reacción a lo que la chica le está contando y me alarmo, pero el semblante de la madre es tan neutro como al principio y entonces entiendo que no hay diálogo entre ellas. La palabras de la chica fluyen como un líquido turbio y se estrellan contra las de su madre, una barrera de roca: &amp;#8220;no me lo puedo creer, no me lo puedo creer&amp;#8221;. La oye, pero no la escucha.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En una curva dolorosa el tono grave de la joven se quiebra y consigo distinguir:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Yo era pequeña y ellos me hicieron mucho daño&amp;#8230;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero la madre la interrumpe:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-No me puedo creer que sigas acordándote de esas cosas. Olvídalo. Déjalo estar. De esas cosas ni se habla. No hay ni que hablarlo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Me fascina su tono. No hay condescendencia, no se burla de la chica, no trata de restar importancia a lo que dice con una sonrisa, tampoco hay alarma, ni énfasis en lo que trata de hacerle entender. Un poco más de empatía en el tono de la madre y la chica sentiría que tiene derecho a estar dolida, entendería el discurso como consuelo; un poco menos y se sentiría incomprendida y furiosa. Pero las palabras se alzan como una barrera de contención dura e inflexible, perfecta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La chica sigue explicándose, pero la madre se impone:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-No. Esas cosas se olvidan, se superan&amp;#8230;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La chica dice que ella lo ha superado pero&amp;#8230;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-Que no. Que a mí me han pasado cosas más graves y no tengo ningún interés en acordarme ni en guardar ningún rencor, ni en nada. Yo no quiero llevarme mal con nadie y no tiene sentido que le des más vueltas a eso. Pasó y hay que olvidarlo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando me levanto a dejar mi bandeja miro de reojo a la chica. Tiene la mirada extraviada, suspendida en el aire atravesándolo todo como un láser, quizá también a los enamorados. No está triste, ni furiosa; parece vacía. Cuando ya ha pasado la tormenta, y su torrente de odio apenas se mece ya como un líquido sin fuerza sobre la mesa, las palabras de su madre continúan sólidas:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;-No se puede vivir en el resentimiento. No, no se puede.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Salgo a la calle todavía impactada por el consuelo que no hay en su tono pero sí en su actitud. No entiendo cómo esa conversación entre extrañas se me ha metido tan dentro, hasta el punto de empañarme los ojos durante un segundo, pero me doy cuenta de que me noto más ligera, respiro mejor y me siento protegida por el discurso, como si caminara sobre las palabras firmes de la mujer, como si acordándome de ellas y olvidándome de todo lo demás, ya nada pudiera hacerme daño.&lt;/p&gt;</description><link>http://observaciones.tumblr.com/post/5218822707</link><guid>http://observaciones.tumblr.com/post/5218822707</guid><pubDate>Thu, 05 May 2011 10:51:00 -0400</pubDate><category>amor</category></item><item><title>Pasajera #20</title><description>&lt;p&gt;Te busco a veces como te busqué aquel día, desesperada por encontrarte, alzando la mirada entre los rostros vacíos del autobús hasta dar contigo. Vuelvo a ti a menudo, a tu melena encrespada que te rodeaba la cara como un nimbo oscuro. Te busco y me refugio en ti.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pensé por un momento que eras una mujer vieja y cansada hasta que te pusiste de pie sobre tus zapatos de uniforme, los calcetines hasta la rodilla y vi que eras una niña fea. Me llegó el sabor agrio y antiguo de la leche recién tomada en el desayuno, el olor enrarecido del colegio, la rabia diluida en sueño de todas las mañanas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Había algo en tu boca o en las formas de tu cuerpo que hacía pensar en una futura adolescente, en el deseo animal, estúpido, de los hombres, y quise congelarte como estabas ahora, con tu cara morena y borrosa, tu pelo encrespado, hermosa y extraordinaria en tu propia fealdad de niña.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando bajaste del autobús, te fui robando los pasos, los hice míos hasta que nuestros caminos se bifurcaron y te seguí con la mirada unos segundos y te atrapé y te guardé sin que lo supieras, mientras las dos, iguales, nos encaminábamos sin remedio hacia nuestra rutina.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La rutina que odiamos y que nos protege.&lt;/p&gt;</description><link>http://observaciones.tumblr.com/post/3325203243</link><guid>http://observaciones.tumblr.com/post/3325203243</guid><pubDate>Wed, 16 Feb 2011 05:49:00 -0500</pubDate><category>pasajeros</category></item><item><title>Pasajera #19</title><description>&lt;p&gt;Miro su espalda y me pregunto ¿Por qué, por qué siempre pasajeras jóvenes y guapas, por qué es esa espalda lo único que logra despertarme si no me mueve el instinto, si no me reconozco en su belleza, si no siento simpatía hacia el género o la edad de su dueña? Pero la espalda dibuja una diagonal vertiginosa que se estrella fatalmente en la cintura, de donde surge rotundo un brazo en angulo recto perfecto, cubierto de un vello fino y rubio, casi translúcido, y yo me quedo atrapada en ese rombo, encerrada entre la piel que late y respira y que se adivina caliente bajo el fino tejido de algodón. ¿Por qué si mi memoria biológica no me incita a buscar una hembra de potentes caderas que engendre a mi prole? Por qué si a mí me gustan las figuras lánguidas, si me calman las líneas débiles de ángulos suaves. ¿Por qué la observo a ella entre todos los pasajeros?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero su belleza está más allá de mis consideraciones, de mi vida y mi historia. Su belleza está ahí, de pie, rematada por una maraña de cabello rubio sin cepillar, recogido de cualquier manera en una cola alta, con la arrogancia de las que se saben guapas sobre todas las cosas. Y apenas gira el rostro, relampaguean unos ojos azules y una mancha roja debajo, su boca, de unos labios crueles, imposibles, reventados sobre el rostro. Unos labios que serán siempre déspotas, sean cuáles sean las palabras que ella use.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Su espalda, sus brazos, la sangre caliente que atraviesa su nuca, y los cabellos desordenados sobre su cabeza no le pertenecen. Ni a ella ni a nosotros. Son como los árboles que se agitan en medio de la calzada, y como las nubes que se amontonan y oscurecen el cielo. Su belleza me despierta, me congela la mirada, porque su naturaleza es la misma que la del agua cuando empuja voluptuosa la mano que se atreve a interrumpir la corriente. Y al agua no le importa quienes seamos yo, ni ella, ni los nombres que nosotros ponemos a las cosas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Así que cuando la veo bajar, la manera en la que va vestida, cómo sujeta el bolso, la universidad a la que va, todo eso me llega débil, tan débil como la opinión que pudiera formarme alguna vez de ella. Todo es un rumor vago y lejano, que apenas puedo oír, cuando ella trota, como un animal bello y magnífico entre los coches torpes y la suciedad del asfalto.&lt;/p&gt;</description><link>http://observaciones.tumblr.com/post/1174835863</link><guid>http://observaciones.tumblr.com/post/1174835863</guid><pubDate>Thu, 23 Sep 2010 17:23:44 -0400</pubDate><category>pasajeros</category></item><item><title>Pasajera #18</title><description>&lt;p&gt;La he guardado en la memoria durante meses porque con ella se esfumó  mi odio. Como la enfermera que te quita la venda tras una ceguera, ella  fue lo primero que pude ver. Se sentaba de lado en el asiento del  autobús, con las piernas un poco abiertas, colgando, los pies, enredados  en sus sandalias, preparados para alcanzar el suelo con un pequeño  impulso en cuanto el autobús se acercara a su parada. Tenía las piernas y  los brazos largos y blancos, esbeltos, escapando por arriba y abajo de  un vestido corto. El cuello era estrecho y largo también, y aunque de  este dato que recuerdo, deduzco que llevaba el pelo recogido, he perdido  su cabeza. O se fue emborronando como un dibujo de arena, o quedó  desvaída con la luz de los días, o en mis idas y venidas, se cayó  rodando hasta un rincón, como la muñeca de una niña poco atenta. Elíjase  la metáfora que se prefiera, el caso es que tengo a una pasajera  descabezada en esta vitrina de mi memoria, y sé que es la imaginación la  que le pone unos cascos sobre las orejas, le recoge el pelo en una cola  alta y una cadenita brillando dorada alrededor del cuelo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo que sí recuerdo es que la miré y la quise, y tuve consciencia al  instante de todas las formas que podrían quererla. Como si su luz se  descompusiera a través de un prisma y me llegaran todos sus colores por  separado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La quise como el psicópata que la desmembraría para amar cada una de  sus partes con la pasión de un coleccionista, y la quise como la madre  que se conmueve por haber visto el cuerpo pequeño y plástico de un bebé  germinando en huesos largos y formas vibrantes. La quise como el hombre  que abandonaría a su familia por emborracharse en la efímera gloria de  las mujeres jóvenes. La que se vampiriza y consume con ansia, para  anestesiar y protegerse de los gélidos dolores de la vejez.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y la quise como yo la imaginaba a través de la piel. Llena de  pasiones o fobias, de pequeñas manías de intensos pensamientos o de una  apacible estupidez. Con un destino claro en mente, o una fastidiosa  rutina, una cita, una historia, cientos de recuerdos, secretos, traumas,  mezquindades, olvidos, pecados, ternuras, tristezas, ingenios, deseos.  La quise por el infinito abismo de posibilidades que se abría al  mirarla. Por poder perderme en ella y olvidarme de mí. Por el profundo  alivio que a veces son los otros.&lt;/p&gt;</description><link>http://observaciones.tumblr.com/post/1126265028</link><guid>http://observaciones.tumblr.com/post/1126265028</guid><pubDate>Wed, 15 Sep 2010 08:35:00 -0400</pubDate><category>pasajeros</category></item><item><title>Paisaje interior #1</title><description>&lt;p&gt;Intento observar pero sólo me veo a mí. La parte que no quiero ver.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El odio se derrama por mis ojos, flota en el aire caliente, irrumpe en las aceras, se pega a los cuerpos como el sudor. El odio pasa entre los coches, ensucia los dedos que asoman en las sandalias. Y me alcanza en los reflejos de los cristales, se lanza como un perro de presa y rebota contra mí. A veces rompe las ventanas por no verme.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No me extrañaría que la gente cayera enferma a mi paso, porque el odio que arrastro es sofocante. A veces él me arrastra a mí.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El odio me empuja por la calle, me sube al autobús, y por mucho que miro alrededor, intento observar a los demás, sólo veo mi interior: sangre, vísceras, pesadillas. Todo inflamado por el odio.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No me gusta odiar. Detesto el odio. Odio el odio. Intento por todos los medios deshacerme de él.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ayer por la noche vuelvo más ligera a casa. La oscuridad de la calle me enfría los ojos. Estoy tendida en la cama leyendo un libro en el que dos personas hacen el amor. Al otro lado de la ventana dos personas follan.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Detengo la lectura un segundo porque el ventilador del techo les ahoga y no puedo decir si son dos tonos de jadeo o un perro ladrando y otro respondiendo a lo lejos. Luego más tarde una risa. Conozco la voz, a veces habla hasta tarde, a veces le ordenan callar desde otra ventana. A mí me gusta. La risa es profunda y ancha, abarca toda mi cama y puedo dormir sobre ella. Y justo antes de cerrar los ojos, compruebo agradecida, que a ellos, personas o perros, no los odio.&lt;/p&gt;</description><link>http://observaciones.tumblr.com/post/869808195</link><guid>http://observaciones.tumblr.com/post/869808195</guid><pubDate>Wed, 28 Jul 2010 03:33:00 -0400</pubDate><category>paisajes</category></item><item><title>Paisaje #6</title><description>&lt;p&gt;El momento en el que tren parado de metro deja de respirar y en el  vagón se escucha el silencio que ya estaba pero no se oía. Un silencio  demasiado solemne, como el de un templo, funesto, que golpea a los  pasajeros con repentina incomodidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Entonces las voces que llegan desde el andén, se acercan brutales,  desconsideradas, y los gritos y las risas suenan como el preludio de una  tragedia. Los pasajeros miran hacia abajo, turbados; la culpa es del  silencio.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un grupo de adolescentes entra en el vagón y continúa su fiesta  privada, como si estuvieran en una burbuja, como si el resto del mundo  no existiera. Pienso si esa capacidad de abstracción se la aportan las  hormonas o si al desgranarlos, como las uvas de un racimo, si al  colocarlos a cada uno en un asiento aislado, también cargarían el peso  del silencio común, se harían responsables de él.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por fin el tren se pone en marcha y las risas y las voces se pierden  en un rumor homogéneo, pero hasta mí llega lo que una chica grita con  una voz aguda que se derrama por el vagón manchándolo todo &lt;em&gt;&amp;#8220;Araña  mueeeeerrrta&amp;#8221;&lt;/em&gt;, dice, y se ríe. &lt;em&gt;&amp;#8220;Araña mueeeerrta&amp;#8221;&lt;/em&gt; repite  una y otra vez. Se establece entonces un vínculo absurdo entre las dos y  cuanto más ríe ella, más triste me pongo yo, como si sus risas fueran a  mi costa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Entran dos monjas con hábitos largos y crucifijos grandes de madera.  Entran casi de un salto, como dos pajarracos y se lanzan ávidas hacia  los asientos libres. Una de ellas abre un libro; lleva como marcapáginas  una estampa de la Virgen del Carmen y otra del Papa Benedicto XVI. Debe  de estar leyendo la otra página, pero desde mi perspectiva parece que  mira la estampas y las contempla inmóvil durante largo rato.&lt;/p&gt;</description><link>http://observaciones.tumblr.com/post/730816456</link><guid>http://observaciones.tumblr.com/post/730816456</guid><pubDate>Thu, 24 Jun 2010 05:08:00 -0400</pubDate><category>paisajes</category></item><item><title>Paisaje #5</title><description>&lt;p&gt;Las primeras gotas caen del cielo desproporcionadamente grandes, tocan la piel como dedos húmedos y calientes. Y el aire se levanta sobre el asfalto, una bofetada para los peatones. El niño pequeño sentado en el carro cerrando los ojos, con una expresión de incredulidad adulta &amp;#8220;¿cómo puede mi madre volver la esquina y enfrentarme con este viento?&amp;#8221;. Los pájaros pían desconcertados, o es el aullido del semáforo o el mismo aire zumbando los oídos, todo se vuelve caos al dejar la acera, y unos cuantos de nosotros seguimos a la mujer del perro que no tiene miedo al coche que se salta el semáforo y frena a la mitad del paso de cebra. Pero entonces el aire empuja con más fuerza, y el perro se vuelve como una veleta loca, en medio del tráfico, a contracorriente. La mujer tira de la cadena &amp;#8220;¡No! ¡Crispi no!&amp;#8221; pero la perra -&amp;#8220;¡¿Eres tonta, Crispi?!&amp;#8221;- insiste en volverse contra la riada humana y está cerca de echárseme encima. Sorteamos al animal, la mujer y los coches; aunque la formación se deshace y perdemos a la vanguardia, llegamos al otro lado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En la calle estrecha no hay coches pero los árboles se estremecen y las hojas y el polvo vuelan como si un desastre, cualquier desastre, fuera inminente. Una anciana lleva a una niña con síndrome de down de la mano, o tal vez no es una niña sino una mujer. La anciana avanza decidida bajo un paraguas, sin dejar que la otra se retrase, sin miedo a la lluvia caliente y el viento salvaje cargado de polvo. No es como la perra, como el bebé, como la niña-mujer ni como yo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Detras de mí oigo un ladrido. &amp;#8220;Deja las hojas&amp;#8221; dice la dueña. &amp;#8220;¡Deja en paz las hojas!&amp;#8221; grita. Pero yo no hago caso.&lt;/p&gt;</description><link>http://observaciones.tumblr.com/post/694547750</link><guid>http://observaciones.tumblr.com/post/694547750</guid><pubDate>Sun, 13 Jun 2010 14:22:00 -0400</pubDate><category>paisajes</category></item><item><title>Amor #4</title><description>&lt;p&gt;La veo con el móvil metido en la boca mientras escarba buscando algo en un bolso que sostiene con dificultad. Apenas me da tiempo a ver que es adolescente y pecosa, la cara redonda e inflada como un bizcocho lleno de motas tostadas, cuando la mano de su madre –no puede ser más que su madre-, de espaldas a mí, vuela rasante como un ave de presa y le arranca el móvil de entre los labios. No dice nada, ni yo habría podido oírla aunque lo hubiera dicho, pero el gesto habla por si solo: Anda, trae, hija, qué pareces tonta. Ella con la boca ya libre la transforma en una sonrisa, pero la madre ha girado la cabeza hacia un lado. No puede ser más de un segundo o dos, pero me parece una eternidad. Cuando los ojos buscan los de su madre mientras sonríe. Los tiene del mismo color cobrizo que las pecas y el pelo y no sé si es la luz pero están encendidos, los veo brillar. Toda la vida parece estar esperando que le devuelvan la sonrisa. A que es gracioso, mamá, a que ha sido gracioso. Pero la otra no la ve, no puede verla, sigue con la cabeza girada. Podría yo sonreírle desde el otro lado del cristal, porque es cierto que lo ha sido. Una imagen cómica. Pero sería grotesco el gesto intruso de una desconocida, que además observa la escena desde un plano inesperado para ellas de pie en la acera, fuera de mi autobús.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por qué tengo yo que verlo, por qué -y estoy segura de que no lo imagino ni lo reinterpreto-. Por qué tengo que observar, con todo detalle, como si fuera a cámara lenta, el instante en el que los ojos de la chica abandonan su propósito. Y quizá es que la cabeza se mueve un milímetro y pierde el ángulo iluminado, pero los ojos se apagan, los veo apagarse, o son los párpados, que hacen sombra. Porque la mirada se vuelve hacia el bolso y las manos que no se habían detenido, siguen buscando en su interior.  Es menos de un segundo, un instante, y a nadie le importa, ni a ellas y  no hay drama posible y se olvida. Pero yo lo observo y es devastador.&lt;/p&gt;</description><link>http://observaciones.tumblr.com/post/609977471</link><guid>http://observaciones.tumblr.com/post/609977471</guid><pubDate>Tue, 18 May 2010 08:51:01 -0400</pubDate><category>amor</category></item><item><title>Pasajera #17</title><description>&lt;p&gt;Esta mañana he visto a una chica que aprovechaba un semáforo para pintarse la raya de los ojos. En mi extensa experiencia como observadora, he visto a mujeres usando el espejo retrovisor para maquillarse la cara, pintarse los labios, darse colorete o ponerse rímel, pero nunca a una con el lápiz en mano, llevándose la punta al párpado de abajo, y sosteniendo la mejilla con dos dedos, en ese gesto tan universal y sagrado en el que el mundo se detiene y todo queda muy quieto no vaya a ser que la mano tiemble y se produzca un molesto accidente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tal vez es por pura probabilidad, porque además, hay más mujeres que hacen todo lo demás y no se pintan la raya. A mí me gusta no lo solo el resultado sino también el acto, por lo que he explicado antes y porque es el momento en el que el maquillaje más se parece al dibujo. Los lápices se afilan con sacapuntas un poco más pequeños que los normales y tienen la punta blanda, pero se cogen igual y cuando una se los lleva a los ojos se está dibujando un poco a sí misma, como un personaje más que una persona.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La chica del coche era grande y esbelta como su coche todoterreno, y llevaba una cola alta y parecía que se levantaba un poco del asiento mientras se dibujaba los ojos, como si en cuanto terminara y el semáforo se pusiera en verde, en vez de conducir fuera a ponerse a bailar. Sobre el coche un árbol agitaba sus hojas de un verde plateado como lentejuelas y a pesar del martes, del atasco y de nuestra rutina, la primavera se empeñaba en que la escena pareciera alegre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Me he dicho a mí misma que la chica iría a su trabajo, que llegaba tarde como yo y por eso se pintaba en el coche, pero en realidad quería ir y suplicarle: llévame, por favor, llévame contigo y enséñame todo lo que vayas a mirar hoy, con tus ojos dibujados.&lt;/p&gt;</description><link>http://observaciones.tumblr.com/post/555908898</link><guid>http://observaciones.tumblr.com/post/555908898</guid><pubDate>Wed, 28 Apr 2010 09:47:00 -0400</pubDate><category>pasajeros</category></item><item><title>Paisaje #4</title><description>&lt;p&gt;Hay un hombre, hay una ventana y hay una lámpara antigua que ilumina pobremente el espacio vacío que se encuentra tras ellos. Sobre el hombre, el hueco de la ventana traza un arco, de manera que la escena queda enmarcada como una postal, que uno pudiera recortar con tijeras de punta redonda.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No es más que el portero de un edificio realizando una de sus tareas de mantenimiento, pero la luz detrás de él y el portal oscuro que se adivina contrastan con la hora temprana del día y la calle ya iluminada. La lámpara, superviviente de varias décadas, se presenta anacrónica y tampoco el hombre parece querer pertenecer a esta época, con su camisa amplia para pintar que no se compromete con ninguna moda.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La brocha extiende la pintura sobre la madera, basándose en el absurdo criterio de aquel que un día decidió que la madera por ser marrón había que pintarla de ese color. Yo sigo con la mirada los movimientos del hombre y casi puedo notar las cerdas de la brocha arrastrándose sobre la capa áspera de pintura anterior, deteniéndose en los ángulos, guiadas por un movimiento preciso. De repente me parece estar oliendo la pintura, un olor concreto que no habría podido encontrar nunca tan nítido de haberlo buscado a propósito en los estantes de la memoria.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Así que allí está el hombre pintando, y allí estoy yo contemplando cómo lo hace hasta que el autobús arranca y la calle se desborda hacia mí, echándome a los ojos, una riada de personas, colores, luz, acera y cristales de este tiempo. Y la postal oscura del hombre y la ventana queda un segundo suspendida en mis retinas, y toda la paz contenida en ella, se escapa y desaparece como el aire de una pompa de jabón.&lt;/p&gt;</description><link>http://observaciones.tumblr.com/post/540527494</link><guid>http://observaciones.tumblr.com/post/540527494</guid><pubDate>Thu, 22 Apr 2010 09:08:59 -0400</pubDate><category>paisajes</category></item><item><title>Pasajero #16</title><description>&lt;p&gt;Está mirando por la ventanilla, y sobre su cabeza veo la mitad de unos cascos enormes cubriendo su oreja, un óvalo de metal perfectamente acoplado a su perfil.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tiene el pelo corto y la piel estampada de acné adolescente, los pies pequeños y muy juntos soportando la flexión de las rodillas, la ropa discreta, y las manos reposando sobre una carpeta en el regazo, completamente abandonadas, como si las hubiera dejado allí y no pensara nunca volver a recogerlas. De repente, vuelve la mirada hacia ellas, y las mueve un poco, sin modificar su postura, probando tal vez que siguen conectadas a su cuerpo. Y mira de nuevo al exterior.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Juego a adivinar quién es, deducir que si no se ha bajado en la parada de ICADE tal vez vaya al último curso del colegio, que por los niños que veo siempre, sé que hay al final del trayecto. Imagino que es tímido y algo afeminado, el típico chico que automáticamente todo el mundo suele tomar por gay, independiente de que lo sea o no. Parece también inexpresivo, una personalidad hermética contra la que estrellarse.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero de repente toma posesión de sus manos y el resto de su cuerpo y se pone en pie, rompiendo bruscamente la frágil maraña de mis cavilaciones. Es mucho más alto de lo que parecía sentado y el par de ojos claros que ocultaba el perfil cambian por completo su aspecto, dándole un aire casi extranjero. La forma de moverse no es en absoluto lo afeminada que insinuaba la flexión de sus piernas, mientras estaba sentado. Y en la carpeta, antes oculto bajo sus manos, veo el logo del San Pablo CEU.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo miro caminar por la calle fascinada por la cantidad infinita de personajes que -siempre distintos, siempre mejores a los que imaginamos-  escribe a cada segundo la realidad para cualquiera que quiera pararse a leerlos.&lt;/p&gt;</description><link>http://observaciones.tumblr.com/post/525602786</link><guid>http://observaciones.tumblr.com/post/525602786</guid><pubDate>Fri, 16 Apr 2010 07:35:42 -0400</pubDate><category>pasajeros</category></item><item><title>Pasajero #15</title><description>&lt;p&gt;Me mira como si quisiera matarme y no sé si es porque me he colado  sin querer o porque es la cara con la que ha salido del autobús, después  de tres horas y media de viaje. Le pedimos unos bocadillos a la  camarera del sitio transparente y gigante donde hemos parado. Es una  cadena de estaciones de servicio que construye naves inmensas en medio  de la nada, consiguiendo la completa alienación de los viajeros que se  desparraman por el espacio desorientados y fuera de lugar, como un  puñado de canicas sobre el suelo de una clínica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Le veo ir a por una bebida, aprovechando la espera y decido imitarle.  Cuando los bocadillos están listos la camarera le grita a un compañero  que son para &amp;#8220;la pareja&amp;#8221;. Los dos esperamos inmóviles y yo me concentro  estúpidamente en mi cara de pocos amigos, no vaya a parecer que en el  fondo me halaga la confusión de la camarera. Él no puede tener más de  veinticinco.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Recogemos el plato y nos dirigimos hacia la caja. Me muevo incómoda,  atrapada en esa situación social absurda que te obliga a mantenerte  junto a alguien que no conoces de nada. Yo pago primero, sintiendo que  me estoy colando otra vez, y entonces por fin libre, elijo una mesa  apartada junto a la ventana, con gran alivio.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Segundos después, él viene a sentarse en la mesa de enfrente de cara a  mí, así que parece que seguimos comiendo juntos, pero enfadados. Ahora  que le puedo mirar con detenimiento descubro que lo que me ha puesto tan  nerviosa desde el principio no ha sido la mirada hostil, ni la  confusión de la camarera sino el hecho de que él es guapo, no solo  guapo, atractivo, y me recuerda un poco a todos los chicos que me han  gustado alguna vez.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lleva unas zapatillas destrozadas y una cazadora negra, algo  polvorienta, que al quitarse se lleva con ella la mayor parte de su  encanto. Debajo, la camiseta de la selección le rejuvenece unos cinco  años y pierde todo mi interés en favor de mi bocadillo. Pero cuando le  vuelvo a mirar, me conmueve el desaliño con el que la viste, y me hace  pensar en aquella época de las tardes con Nocilla y Espinete, en la que  Adidas era una marca anticuada. Levanta la mirada durante un segundo y  yo devuelvo la mía hacia mi comida, como una avestruz hambrienta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Vuelvo a calcularle unos veinticinco y lo imagino al llegar a los  treinta, con el aspecto gastado de los niños guapos que se han  maltratado mucho. A veces resultan incluso más atractivos, pero la  mayoría de las veces evocan algo de decepción. Como ese póster de tu  cuarto que te gustaba tanto y un día descubres descolorido y los bordes  estropeados. O tal vez mute al perder el pelo y su antiguo aspecto se  diluya al entrar en el grupo de los treintañeros rapados gafapasta,  indistinguibles unos de otros, hasta que no se tiene con ellos una  conversación. Recuerdo el tiempo en el que me fijaba sólo en los chicos  como él, simplemente porque mi muestra estadística era demasiado pequeña  aún, y no había comprobado que la probabilidad de que un físico  masculino como el suyo se correspondiera con una personalidad  interesante era realmente baja y se iba reduciendo drásticamente en  tanto que el sujeto se hacía consciente de lo primero.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Decido no dedicarle ni un pensamiento más y saco un papel en el que  escribir algo que tengo pendiente, dando a mi gran mundo interior una  importancia ridícula. Pero cuando de reojo advierto que se levanta y se  va no puedo evitar sentirme abandonada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al rato salgo yo también y me apoyo en el muro a su lado, pero a una  gran distancia; tengo una habilidad escalofriante para calcular el punto exacto donde no parezco entrometida pero alcanzo a  escuchar una conversación ajena. Cuando lo oigo hablar por teléfono mi  estadística se va a la mierda, porque tiene un voz y una forma de hablar  perfecta, y una risa graciosa que acompaña pasándose la mano por el  pelo castaño y un poco rizado. Cuando me descubro a mí misma intentando  deducir si al otro lado del teléfono se encuentra su novia, me obligo a  parar, pero para entonces, ya estoy abrazándome las rodillas resignada y  melancólica, reencontrándome del todo con mi yo adolescente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo único que me permito antes de volver de nuevo a mi senectud  prematura es seguirlo con la mirada desde mi asiento mientras se sube al  autobús y ordenarle mentalmente &amp;#8220;mira, mira, mira&amp;#8221;. Él sigue hablando y  riendo animadamente por teléfono, absorto por completo en su  conversación. Y justo cuando creo que va a pasar de largo, levanta sus  ojos grandes, castaños y claros y me mira.&lt;/p&gt;</description><link>http://observaciones.tumblr.com/post/498177790</link><guid>http://observaciones.tumblr.com/post/498177790</guid><pubDate>Mon, 05 Apr 2010 10:01:00 -0400</pubDate><category>pasajeros</category></item><item><title>Paisaje #3</title><description>&lt;p&gt;La luz de allí no cae, como la de Madrid, a plomo sobre las cosas, no arroja sombras negras y perfiladas. La luz de allí es diáfana, es total, reverbera en el aire, revienta las pupilas. La luz de allí entra por la boca hasta los pulmones, hasta el estómago. Ilumina por dentro.&lt;/p&gt;</description><link>http://observaciones.tumblr.com/post/497824537</link><guid>http://observaciones.tumblr.com/post/497824537</guid><pubDate>Mon, 05 Apr 2010 05:56:45 -0400</pubDate><category>paisajes</category></item><item><title>Pasajero #14</title><description>&lt;p&gt;La típica persona que llama a su novia porque se aburre y dice &lt;em&gt;&amp;#8220;cuéntame algo, peque, qué haces, que qué haces, y ya has fregado? pero has pasado la aspiradora y eso? entonces no has hecho nada todavía, y qué vas a comer, pues ve a la cocina y míralo, que vayas a la cocina y lo mires, no? eh? que no quieres? qué cansado estoy, uf, cari, todavía quedan cinco horas de viaje&amp;#8221;&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ese tipo de persona.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Calculo que han sido unas cuatro llamadas, de no menos de media hora cada una. Con dos de ellas me ha despertado. Y nunca en la conversación, nunca, se ha mencionado un tema que no respondiera al presente inmediato de ambos interlocutores. Nada del tipo &lt;em&gt;&amp;#8220;viste ayer sálvame?&amp;#8221;, &amp;#8220;he hablado con mi hermano y me ha dicho&amp;#8230;&amp;#8221;&lt;/em&gt;, nada que indicara que alguno de los dos tenía una capacidad de memoria de más de media hora. Una y otra vez se repetían cosas como &lt;em&gt;&amp;#8220;pero qué haces, peque, no, aparte de &amp;#8220;poh na&amp;#8221;, que digo que aparte de &amp;#8220;poh na&amp;#8221; qué haces, te has arreglado ya o todavía estás en pijama?&amp;#8221;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El chico, de unos dieciocho años no tenía acento almeriense, supongo que era de Madrid. Vocalizaba tan mal, amontonado las palabras en frases como &lt;em&gt;&amp;#8220;hastaluegtellamastarde&amp;#8221;&lt;/em&gt;, que yo que estaba diez centímetros de sus cuerdas vocales no podía casi entenderle. Su novia, al otro lado del teléfono parecía tener el mismo problema, así que él repetía constantemente cada una de sus intervenciones en ocasiones hasta tres veces. Por otra parte, debía de ser algo duro de oído o tal vez ella tampoco se expresara bien porque a cada rato preguntaba &amp;#8220;eh?&amp;#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Todo el mundo tiene prejuicios. Los prejuicios llegan y se instalan en ti y algunos son útiles y otros son del tipo de los que Hitler te diría &amp;#8220;córtate un poco&amp;#8221;. Yo intento controlar los míos pero uno de los más arraigados en mí es el que automaticamente clasifica las personas que dicen &amp;#8220;eh?&amp;#8221; en vez de &amp;#8220;qué?&amp;#8221; como seres inferiores. Menos evolucionados. Más cercanos al mono.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una cosa que me sorprendía del homo retrasapiens es que cuando su novia hablaba él no parecía seguirla en su discurso, se quedaba completamente callado hasta su siguiente intervención, como si simplemente estuviera fingiendo que hablaba por teléfono. No lo hacía porque yo podía oírla a ella, aunque por suerte no entenderla; un ruido agudo que salía del teléfono del chico pegado a su oreja. Era como si estuvieran retransmitiendo el chillido de las gaviotas en una playa lejana. Eso me adormecía y empezaba ya a soñar hasta que él volvía a intervenir y yo tenía por fin que despejarme y ponerme el ipod con desesperación.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El único dato arrojado en una conversación más allá de sus propias personas y su presente inmediato, aunque en realidad podría incluirse en este últmo, fue que el retrasapiens se había encontrado en el mismo autobús con una conocida y que ésta le había contado que se había quedado embarazada y había abortado sin que sus padres lo supieran. &lt;em&gt;&amp;#8220;Y se ha reído. No, que me lo ha contado y al final se reía y to, y yo le he dicho: bueno, tampoco es pa reírse.&amp;#8221;&lt;/em&gt; Fue ahí cuando tuve ganas de volverme y decirle &lt;em&gt;&amp;#8220;pero es que no ves, que por muy analfebeta y carente de valores que supongo que será tu amiga &lt;/em&gt;(esto pude confirmarlo horas después)&lt;em&gt;, acaba de pasar por una experiencia traumática y dada la limitada capacidad de reflexión que le supongo también, reírse es su manera de afrontarlo? ES QUE LE VAS A DECIR TÚ SI SE TIENE QUE REÍR O NO?&amp;#8221;&lt;/em&gt;. Igual es que me estaba implicando de más en aquella historia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una de las cosas que más me gustan de mí misma es mi capacidad de empatizar hasta con una bolsa de pipas vacía tirada en la acera (en realidad había escrito &amp;#8220;abandonada&amp;#8221; en vez de &amp;#8220;tirada&amp;#8221;, porque ya estaba empatizando), pero la mayoría de las veces es una auténtica putada. Porque siete horas y media sin más tarea ni obligación que pensar en mis cosas para mí es un regalo del cielo, pero el retrasapiens me contagió la sensación de estar atrapado en tu cuerpo, sin capacidad para abstraerte, y que tu cuerpo esté atrapado en un asiento, en un vehículo a siete horas y media de estar donde quieres que esté. Y por otra parte no dejaba de imaginarme a la gaviota obligada a sentarse con sus padres en el salón, que le decían &lt;em&gt;&amp;#8220;nena, tú sabes que no nos gusta meternos en tu vida, pero es que tu novio es muy tonto y muy pesao. PERO MUY PESAO&amp;#8221;&lt;/em&gt; y la gaviota diría &lt;em&gt;&amp;#8220;pero yo lo quiero, mamá. Aunque sea un retrasapiens&amp;#8221;&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero fue la empatía también la que logró que después de todo el odio y el desprecio acumulados en mi retorcido corazón durante el viaje, cuando vi al retrasapiens abrazar a la gaviota, inmóviles, como si estuvieran congelados sobre el andén, mientras el resto de viajeros nos movíamos rápido como hormigas a su alrededor, pudiera perdonarles todo durante un instante.&lt;/p&gt;</description><link>http://observaciones.tumblr.com/post/479028741</link><guid>http://observaciones.tumblr.com/post/479028741</guid><pubDate>Sun, 28 Mar 2010 07:27:00 -0400</pubDate><category>pasajeros</category></item><item><title>Pasajera #13</title><description>&lt;p&gt;La miré porque la luz entraba por la ventana iluminándola solo a ella entre todos los pasajeros. Estaba sentada de lado con las piernas cruzadas y una mano reposando sobre la otra. La cabeza inclinada levemente hacia atrás con el pelo cayendo sobre su espalda como el manto de una virgen, y en la cara el maquillaje recién dispuesto, preparado para seguirla en todos los gestos que ella hiciera a lo largo del día, como la escenografía de una obra que no ha comenzado aún. Porque su rostro estaba vacío de expresión, los ojos flotaban sobre un punto indefinido, pero la mujer tenía la mirada completamente vuelta hacia sus pensamientos. Estaba tan quieta, en reposo, tan abandonado su cuerpo sobre el asiento que casi me parecía poder ver el aire saliendo de su nariz, a través de la distancia que nos separaba de un extremo a otro del autobús, y luego de nuevo el aire lento volviendo a entrar, llenándola, estremeciendo su cuerpo durante apenas un instante, con la cadencia del durmiente, aunque sus ojos estuvieran abiertos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y descubrir la respiración de la mujer en medio del autobús abarrotado, el ruido del tráfico y la calle y más allá de los cristales el cielo amplio y gris lleno de pájaros y sonidos, me pareció como encontrar la más preciosa de las piedras en la orilla de la playa, un hallazgo tan fantástico como insignificante que a nadie importaría nunca más que a mí, durante tan solo unos segundos. Pero era extraordinario.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De repente el autobús frenó, la mujer miró a un lado y a otro, abriendo por fin los ojos que ya tenía abiertos y en un segundo su cuerpo se movía rápido en dirección a la puerta y ni siquiera parecía el mismo cuerpo que yo había observado quieto y en reposo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Como si me hubieran quitado un tubo de la boca, fui entonces consciente de mi respiración, que sin querer había acompasado ridiculamente a la de la mujer y que ahora no tenía más remedio que seguir manteniendo a mi propio ritmo, sin nadie que la guiase.&lt;/p&gt;</description><link>http://observaciones.tumblr.com/post/471031499</link><guid>http://observaciones.tumblr.com/post/471031499</guid><pubDate>Wed, 24 Mar 2010 18:20:00 -0400</pubDate><category>pasajeros</category></item><item><title>Pasajeros #11 #12</title><description>&lt;p&gt;El hombre llevaba unas de esas gafas tremendas, que sirven para algún problema de la vista pero que parecen un engendro de la ciencia ficción de los ochenta, cuadradas, más parecidas al visor de un casco que a unas gafas normales. Vestía también cazadora de plástico negro y una gorra que ponía &amp;#8220;Madrid&amp;#8221; sobre la visera y que parecía bordada y puesta sobre su cabeza por las manos del mismo Almodóvar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La mujer era una mujer normal, de aspecto normal y gestos normales que me habría pasado totalmente desapercibida de no haber empezado a interactuar con el hombre con un &lt;em&gt;&amp;#8220;no, no, eso es mío&amp;#8221;&lt;/em&gt; sin demasiada alarma en el tono, ni sorpresa, ni enfado, un tono perfectamente normal que lo único que quería decir es que la bolsa que estaba a punto de coger el hombre era suya.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Entonces ha comenzado ese proceso delirante que suele ocurrir en los autobuses donde un hecho aislado sin absolutamente ninguna repercusión como el de ir a coger una bolsa que parece abandonada y que sea de otra persona y que ésta nos lo advierta, se convierte en un tema para un falso diálogo interminable, que en realidad es un monólogo:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;-Ah, pensaba que la bolsa estaba ahí, que alguien se la había dejado y la iba a coger para dársela al conductor por si el dueño volvía a por ella -Ya, ya, pero es mía, no se preocupe -Como estaba ahí sola&amp;#8230; -Ya, ya, es que antes estaba sentada yo ahí -Yo es que veo la bolsa y no veo nadie al lado porque claro si usted deja la bolsa aquí y se va a sentar allí al fondo &lt;/em&gt;(la mujer estaba a unos 30&amp;#160;cm de distancia)&lt;em&gt;, pues cualquiera viene y ve la bolsa y se cree que alguien se la ha dejado, porque la bolsa será de alguien -Pues sí, mía -Y claro, a lo mejor viene otro y no se la da al conductor, viene, la coge y se la lleva, porque no todo el mundo iba a dársela al conductor. A veces se pierden las cosas y se las dan al conductor pero otra gente igual no se las da al conductor -Ya -Por eso hay que estar atento, hay que estar atento a las cosas &lt;/em&gt;(aquí interviene un tipo de traje que el hombre tiene al lado pero no oigo lo que dice).&lt;em&gt; Esta señora por ejemplo estaba atenta y ha dicho &amp;#8220;la bolsa es mía&amp;#8221; &lt;/em&gt;(vuelve a dirigirse a la señora)&lt;em&gt;, usted ha dicho &amp;#8220;esta es bolsa es mía&amp;#8221; y entonces yo ya he dicho: ah, pues es de usted.&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las intervenciones de la mujer agonizan en monosílabos hasta que por fin mueren tras un par de asentimientos de cabeza. Entonces la mujer, algo abrumada, empieza a responder al hombre con la cautelar indiferencia que se dedica a los locos mientras se pone de pie preparándose para salir en la siguiente parada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y entonces el hombre dice: &lt;em&gt;¿y qué lleva usted en la bolsa? ¿papeles secretos? ¿UNA FÓRMULA SECRETA?&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La mujer se lanza hacia la puerta abierta todo lo rápido que sus pequeños zapatos alcanzan a desplazarse sobre el suelo del autobús y sale despedida hacia la calle impulsada por la locura del hombre que no espera respuesta a su pregunta porque comienza a cantar con una voz sorprendentemente bella una canción de cuya letra no conoce ni una palabra.&lt;/p&gt;</description><link>http://observaciones.tumblr.com/post/468190099</link><guid>http://observaciones.tumblr.com/post/468190099</guid><pubDate>Tue, 23 Mar 2010 12:22:51 -0400</pubDate><category>pasajeros</category></item><item><title>Pasajera #10</title><description>&lt;p&gt;Camino deprisa por la calle, llego tarde. Los ojos, la nariz y la boca contra el viento rápido y helado, como flores abiertas, húmedas, heridas de frío. Esquivo a las personas vomitadas por una boca de metro y paso junto a ella que espera apoyada en una pared. Lleva un abrigo casi blanco, del mismo color que el flequillo que cae recto sobre la frente. Los labios rojos lanzan al aire una bocanada de humo y en sus ojos perfilados dos nubes más de humo oscuro pintadas inmóviles sobre los párpados. Solo la observo un instante, como una muñeca de rasgos planos, vacíos, sin un solo indicio de personalidad. Pero así tal cual la veo, en menos de un segundo, la congelo en el tiempo, en el aire: abrigo, labios, pelo, humo, ojos, y me la llevo conmigo.&lt;/p&gt;</description><link>http://observaciones.tumblr.com/post/452401226</link><guid>http://observaciones.tumblr.com/post/452401226</guid><pubDate>Tue, 16 Mar 2010 11:46:00 -0400</pubDate><category>pasajeros</category></item><item><title>Paisaje #2</title><description>&lt;p&gt;No es lo que veo, porque la luz del sol inunda la calle cortada al tráfico y cae sobre los niños que gritan con los colores incendiados de sus ropas y juguetes. Hay adultos que tiran de sus brazos, los arrastran, los ponen de pie. Ellos agachados y los niños chillando con sus voces agudas y sus colores. Los percibo como piezas desparramadas de un puzzle, porque no los miro mientras cruzo rápidamente la calle.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es lo que oigo, cuando alcanzo la oscuridad al otro lado. La acera en sombra, fresca y a salvo. Entonces los gritos de los niños se entretejen a cada paso mío en un sonido arrullador, uniforme, gorgoteante de infancia y remota felicidad.&lt;/p&gt;</description><link>http://observaciones.tumblr.com/post/452148796</link><guid>http://observaciones.tumblr.com/post/452148796</guid><pubDate>Tue, 16 Mar 2010 08:37:00 -0400</pubDate><category>paisajes</category></item><item><title>Pasajeras #8 #9</title><description>&lt;p&gt;Pocas veces me alegro de que alguien se siente junto a mí, pero ella tiene algo especial en la sonrisa con la que me agradece que me deslice sobre el banco para dejarle un sitio. O tal vez es que me gusta su pelo cortado a lo garçon y teñido de un color oscuro y natural, tan poco acostumbrado a verse en las ancianas. Lleva un abrigo marrón largo, de pelo sintético, y un bolso gris forrado de tachuelas que no parece demasiado moderno para ella. No se viste como una joven, sino que cada prenda o accesorio se adapta a ella, a su estilo sin edad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Otra mujer se sienta en el banco y la saluda &amp;#8220;¡Hombre, Vicenta, qué tal!&amp;#8221;. Comienzan una conversación que ella interrumpe cuando yo me levanto ante la llegada de una tercera mujer con muleta: &amp;#8220;¡Pero siéntate! ¡Si cabemos las tres!&amp;#8221;. Mientras golpea el asiento que acabo de dejar libre con la mano, levanta un poco los pies del suelo con el mismo gesto que hacen los niños para enfatizar desesperadamente algo. Yo le sonrío y señalo a la recién llegada en la que ella no había reparado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La nueva perspectiva me permite observar a su peculiar amiga. Aunque a primera vista presenta el aspecto estándar de anciana, posee dos características que la hacen única. La primera es que su abrigo de pelo atigrado está cubierto por una costelación de manchitas pequeñas, de color pardo, idénticas a las que puedo ver sobre el dorso de sus manos, como si el estampado del abrigo se le derramara por el cuerpo hasta la punta de los dedos. Y la otra es que uno de sus ojos es oscuro y pardo como las manchas pero el otro es claro y cistalino. Al principio la tomo por tuerta pero entonces reparo en que el ojo no es blanco sino de un azul intenso que no parece en absoluto enfermo. Me esfuerzo por distinguir su pupila pero desde donde la miro, todo el ojo parece azul, así como el otro se aprecia completamente marrón.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Durante el poco tiempo que esperamos en la parada, ambas se disculpan mutuamente por no haber ido a la manifestación. ¿Qué tipo de manifestación?, me pregunto. De repente me muero por conocer con todo detalle la vida de ambas, pero una vez que estamos dentro del autobús, la de la mirada bicolor desaparece rápidamente bajándose en la siguiente parada, y la otra se sienta sola en un asiento aislado y mira por la ventana.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bajamos en la misma parada y la sigo con los ojos desde la otra acera durante un rato en el que nuestros caminos coinciden, comprobando que la sonrisa con la que la vi aparecer es un rasgo perenne en su cara. La pierdo en una esquina donde una luz amarilla aparece de repente desde una calle estrecha, como el cauce desbocado de un afluente. Antes de girar yo también, por mi calle oscura, la veo ponerse, con la gracia y elegancia de una actriz, sin perder un segundo su sonrisa, unas enormes gafas de sol.&lt;/p&gt;</description><link>http://observaciones.tumblr.com/post/445583309</link><guid>http://observaciones.tumblr.com/post/445583309</guid><pubDate>Sat, 13 Mar 2010 11:06:26 -0500</pubDate><category>pasajeros</category></item><item><title>Paisaje #1</title><description>&lt;p&gt;Estoy sentada de espaldas a un gran ventanal y frente a mí un cristal separa la estancia en la que me encuentro de otra donde la gente fuma. Lo que veo es el reflejo de la calle que en realidad se encuentra a mi espalda, la luz de la mañana, la gente paseando por la acera, algunos edificios y los coches deslizándose veloces. El reflejo se funde con las personas sentadas al otro lado del cristal charlando animadamente mientras comen. No hay nadie conmigo en la estancia intermedia y como nadie me ve, me pregunto si existo o sólo soy una silueta negra recortada contra la luz del fondo, atrapada entre una imagen y otra.&lt;/p&gt;</description><link>http://observaciones.tumblr.com/post/445513269</link><guid>http://observaciones.tumblr.com/post/445513269</guid><pubDate>Sat, 13 Mar 2010 10:17:00 -0500</pubDate><category>paisajes</category></item></channel></rss>

